jueves, 21 de junio de 2012

Enfrentamiento entre camaradas agrava el conflicto


                                                                                                                 Por Geraldine Corrales Arandia
Mujeres en piquete de huelga / Geraldine Corrales Arandia

Tras un forcejeo de aproximadamente una hora en el que se provocaron destrozos, se sustrajeron granadas de gas y armamento, hubo enfrentamiento entre policías vestidos de civil y uniformados de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) quienes resguardaban sus instalaciones ubicadas en el primer perímetro de seguridad de la Plaza Murillo, en la ciudad de La Paz.
La situación se va tornando desesperante a medida que el tiempo avanza. Con niños en brazos, mujeres esposas de policías reclaman la necesidad de la nivelación salarial respecto a los militares, la abrogación de la ley 101, la jubilación con el 100 por ciento, la entrega de víveres y la inclusión de los uniformados en  la Ley General del Trabajo.
Aproximadamente al medio día de hoy, los policías que se encontraban en  las instalaciones de Orden y Seguridad en la avenida heroínas decidieron radicalizar sus medidas de presión. A pesar que las esposas de los policías van en el tercer día de huelga de hambre, el hecho sucedido en la ciudad de La Paz con sus camaradas alteró los ánimos entre los uniformados.
En medio de este conflicto, el rol de las esposas de los policías se torna importante al momento de ser firme apoyo para los uniformados.
Marisol Herrera Rodriguez no trabaja por cuidar de sus tres hijos con los cuales forma una familia de cinco personas. Ella es esposa de un cabo de la policía, éste gana alrededor de 1.500 bolivianos monto que no abastece para su subsistencia. “Con ese sueldo hacemos peripecias para alcanzar todo el mes, porque tiene que salir para todo. Para sus pasajes, a veces les llaman tres o cuatro de la mañana tienen que ir en taxi”.
A pesar de la presencia aproximada de 100 esposas de policías, Marisol Herrera hace el llamado a quienes todavía no se han unido a la medida de presión: “estamos en un gran número pero queremos más, vengan por favor, les pedimos, les rogamos a las esposas de los policías que vengan. Apoyen la lucha, no tengan miedo, no tengan vergüenza”.
Aidee Galarza es esposa de un sargento. El mismo recibe por cada mes de trabajo una remuneración de aproximadamente 1.800 bolivianos, monto que relata “no me alcanza”.
Cuida de tres niños pequeños, motivo por el cual no trabaja y este hecho afecta a la economía de su familia.
Las historias son repetitivas al momento de hablar de vivienda propia. Las entrevistadas confiesan que viven en casas alquiladas o pagan préstamos bancarios que se hicieron para poder conseguir un capital para una casa en anticrético.
La familia de Miriam Valdivia tiene seis integrantes. El suboficial de quien es esposa gana 2.800 bolivianos. Valdivia hace una comparación y afirma que: “los militares cuando van a otra ciudad tienen vivienda, tienen un lugar donde les dan alimentación, tienen víveres. A nosotros, una vez al año nos dan harina, azúcar; a los militares les dan todo fideo, leche, harina, azúcar. Estamos peleando para que sea igual, para que no haya discriminación, no es posible que nosotros estemos pagando alquileres, anticréticos y a ellos les dan todo, están bien parados”.
Tras los hechos sucedidos al medio día de hoy, tras los intentos poco productivos por resolver el conflicto la situación se va tornando inquietante por la radicalización de las medidas en el sector. La pronta resolución es la única salida para calmar los ánimos de los uniformados y sus esposas.

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